domingo, 25 de septiembre de 2011

Atando los últimos cabos

A dos días de recorrer 1.636 kilómetros y comenzar el año que recordaré siempre, me encuentro con mi casa manga por hombro, la maleta sin terminar y con los efectos de no dormir de noche.
Sé todo lo que voy a echar de menos, y a quiénes, unos más, otros menos; pero es curioso cómo incluso voy a echar en falta cruzarme a gente que odio, o que simplemente ni fu ni fa. Y cuando salga por ahí la mayor diferencia con Valladolid será el no conocer a la gente de vista, y que cualquier persona con la que hables tenga un amigo en común contigo.
Echaré en falta el modo invierno, que me den la chapa, que mi madre todos los días me grite por algo, las meriendas, la sal con conejo, el pasar 8 horas al día en el bar, las frases de moda en Encinas, la gatera, las fiestas varias, salir a Baltanás y otras tantas cosas que me vienen a la cabeza.
Eso sí, también tengo nuevos amigos que hacer, un año que me ilusiona, una universidad que pinta mejor que la nuestra, una ciudad mucho más grande y guiris por todas partes-los seguiremos llamando guiris, aunque la guiri seré yo-. Y por si fuera poco, creo que tengo cara de alemana, por tanto seguiré oyendo parrafadas hasta que diga: langsam, bitte!
Espero no volverme hortera, ni perderme en un ciclo sin fin de ser destroyer, pero eso, diversión con un poco de mesura.